Bares speakeasy: el delicioso encanto de la clandestinidad

Leyendo sobre curiosidades de la Gran Manzana (#yoconfieso mi manifiesta adoración por esa gran ciudad) me doy con una atracción de la noche newyorkina, desconocida por mí hasta el momento.

Se trata de los bares llamados “Speakeasy” surgidos al calor de la “Ley Seca“, es decir, la prohibición de venta, producción y distribución de alcohol en la década de los 20´s. “Hecha la ley, hecha la trampa”, la ilegalidad de la norma generó la proliferación de estos espacios que de manera clandestina, vendían alcohol. Su nombre, algo así como “hablar en voz baja” (o “no levantar la perdiz” en nuestra jerga) lo decía todo; el boca a boca era la manera de trasmitir la existencia de tales lugares ilegales.

Pero parece que la nostalgia volvió con todo y para muchos, el marketing del recuerdo es redituable y trendy.

Casi anónimos, sin prensa, sin cartel que los identifique, en pocos casos sin página web, proliferan los speakeasy, que pueden pasar totalmente desapercibidos para el transeúnte común, si uno no conoce los códigos indicados, claro.

Dicen por ahí que “Please don´t tell“ (“Por favor no lo cuentes”) es el speakeasy más popular de Manhattan. Ubicado en St.Marks Place, en el East Village, se encuentra este curioso bar cuyo acceso es digno de cualquier trama detectivesca, “El agente 86″ o Bond, James Bond. El ingreso es a través de una cabina de teléfono que hay en una tienda de Hot-Dogs llamada Crift Dogs. Al entrar, sólo hay que descolgar el teléfono y una persona al otro lado preguntará si tenemos reserva o confirmará disponibilidad. Con su ok, una pequeña puerta se abre, dejando ver un bar diminuto de tonos madera, con antílopes disecados en la pared y un menú de tragos artesanales.

“Raines Law Toom” es un salón elegante donde reina el vintage. Su puerta negra carece de señalización, sólo un timbre, discreto por cierto. No se admiten más de 40 personas dado que cada uno de los tragos es minuciosamente preparado para gusto de los asistentes.

Milk & Honey también en Lower East Side puede que sea el más exclusivo del grupo. Hay algunos privilegiados que pueden acceder al cambiante número de teléfono de este oscurísimo bar pueden degustar sus tragos, obvio, con reserva previa.

The back room” (“El cuarto de atrás”) es literalmente un cuarto al fondo de una suerte de PH, en el barrio del Lower East Side, donde los tragos se sirven en tazas de té y los porrones de cerveza son envueltos en bolsas de papel madera, recreando las épocas de clandestinidad. ¿El detalle? al vip se accede sólo por una biblioteca corrediza…

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